VENEZUELA (Noviembre y Diciembre 2020)

Para nadie es un secreto la crisis humanitaria compleja que está atravesando Venezuela, en medio de una situación política, económica y social que, al conjugarse, genera situaciones tan desfavorables como la mala alimentación, deficiencia en los servicios básicos, escasez de gasolina en un país que se precia de tener una de las mayores reservas petroleras en el mundo, fuertes fallas de conexión a internet, entre otras situaciones igual de desalentadoras, que se vieron acrecentadas con la pandemia COVID-19 y su consecuente período de confinamiento que aún no llega a su término.
Uno de los sectores más afectados por esta pandemia es la educación, pues tal como se concebía, era impensable que esta necesariamente tuviera que desarrollarse de manera remota y sin estar preparados para ello, los docentes debieron asumir su rol de una manera muy diferente: a distancia, haciendo uso de la virtualidad en un entorno que realmente no la favorece. Sin embargo, en medio de esta difícil realidad, la acción incansable de muchos docentes que usan su vocación como escudo, llenan de esperanza lo que en un principio pudo ser desalentador. Es así como, en el colegio San Enrique de Ossó, ubicado en el Esta-do Bolívar, en el Colegio “Campo Mata”, situado en el estado Anzoátegui, y en el Colegio Teresiano de Guacara, en el Estado Carabobo, se puede palpar la entrega de los docentes que allí prestan sus servicios, quienes diaria-mente tienen que sortear circunstancias como la escasez y a veces hasta la ausencia de transporte, carencia de efectivo, excesivo costo del poco transporte público existente, baja conectividad a internet y carencia de teléfonos inteligentes o cualquier otro equipo tecnológico que pueda ayudarlos a desarrollar su labor, entre otros.

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