VOLUNTARIADO INTERNACIONAL (Mayo y Junio 2020)

Sucumbíos, pedacito de Ecuador cosido al alma

Saludos a toda la familia teresiana.
Somos dos personas jubiladas, Pepe y Emi, que cuando creíamos que ya lo tenían todo hecho en la vida, Jesús puso un regalo en nuestras manos, retos nuevos, proyectos al otro lado del charco. Resulta difícil hacer una exposición escueta de nuestra experiencia en el voluntariado de este año por las muchas vivencias y situaciones peculiares que vivimos.
Lo cierto es que cada año ponemos más ilusión en nuestro viaje a Ecuador, y al ser el cuarto, esa ilusión se había agrandado sobremanera al tener claro el proyecto al que íbamos a dedicar nuestro tiempo, pues era una continuidad de lo iniciado en el año anterior. Conocemos el sitio, ese soportal del paraíso que es Monte Carmelo, sabedores del cariño y la enormidad humana de las hermanas teresianas que allí nos esperan y nos hacen sentir en nuestra casa; ya nos sentimos parte de la comunidad, tenemos conocidos y amigos entre la gente de la zona , en todo el país diría…íbamos con muchas ganas de continuar con los proyectos y nada más llegar nos pusimos manos a la obra, nuestra intención era dedicar unos días antes del regreso a conocer otras provincias, otros paisajes, otras realidades, pero las circunstancias lo impidieron.
Como mi actividad es artística, en mi proyecto estaba terminar la decoración de la fuente que construyeron los padres carmelitas siguiendo el deseo del padre Jesús Arroyo, como lugar, den-tro del complejo de Monte Carmelo, de recogimiento, de disfrute del agua con sensaciones toma-das de San Juan y Santa Teresa.
Este año realicé un segundo mosaico representando el diálogo de Jesús y la samaritana, y un medallón con la efigie de San Enrique D´Ossó. Temía que no me iba a alcanzar el tiempo, pero el confinamiento me permitió terminarlo y completarlo.
Llegamos a la conclusión, de que el Arte es otra forma de evangelizar.
Emi siempre trabajó en Educación especial y esta sigue siendo su línea de trabajo en Sucumbíos, por un lado caminar a la escuela de Puerto Libre a ayudar a los maestros en la labor docente proporcionando material y formación, especialmente en la atención de los niños con algún tipo de problemática. Y por otra el sueño de formar una asociación y un centro donde atender a las personas adultas de la zona que sufren discapacidad. Llevaba varios años con este proyecto, pero sin terminar de materializarse, faltaba la implicación de los propios interesados, a veces queremos hacer cosas para ellos pero sin ellos, y este año surgió el milagro con forma de madre, Doña Lucía dijo: -Podemos…, así que visitamos a padres, autoridades, convocamos reuniones y se hizo…, ASOCIACIÓN PRO-PERSONAS CON DISCAPACIDAD TRIUNFADORES, pudimos acordar los estatutos y nombrar la junta directiva, pero cuando íbamos a legalizarla llegaron las consecuencias del Covid-19 quedando todo paralizado y a nosotros confinados en Monte Carmelo donde tuvimos que permanecer un mes más de lo previsto, durante el cual siempre nos sentimos totalmente arropados por FundEO, las hermanas y padres carmelitas.
Antes del confinamiento tuvimos tiempo de visitar la Comunidad de La Troncal con Pedro Luis, ese día se llevó material para la puesta en marcha de un comedor escolar en la Casa de los niños. Todos los años tratamos de visitar alguna de las casas para poder traer noticias a España, y en concreto al Colegio Maliayo de Villaviciosa, el cual colabora desde hace tiempo en este proyecto a través de un mercadillo solidario que se hace coincidiendo con el día de la Paz.
No podemos considerar en ningún momento que este mes fue un tiempo perdido, supuso para nosotros una oportunidad de crecimiento personal al experimentar y superar muchos sentimientos: angustia, pensando en cómo estarían la familia y los seres queridos. La incertidumbre de cuando podríamos regresar. El miedo por algunos brotes de xenofobia que aparecieron en algunos lugares, la incertidumbre del devenir de la pandemia…
Con el convencimiento de que si estábamos allí, con las hermanas en esta situación no era casual, dejamos de lado las preocupaciones y dedicamos nuestro día a día a las labores de mantenimiento que había que realizar en la casa, así como la preparación y celebración de la semana santa…tan diferente a la de otros años y… ¡tan hermosa¡. Fue una convivencia mucho más íntima, de compartir momentos tan especiales como la renovación de votos de las hermanas.
Este tiempo añadido nos permitió ahondar en el sentido del voluntariado, en las razones que año tras año nos llevan a coger el avión para ir a Sucumbíos y el poema de Cora Coralina nos dio la clave…Sucumbíos, es un pedacito de nosotros cosido al alma, no todos los momentos son bonitos ni felices, pero nos hacen ser lo que somos. Cada nuevo encuentro nos va haciendo más personas, más humanos y con un mundo espiritual enriquecido.
Estamos deseando que la “normalidad” sea tal, que nos permita volver.

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